Luink chap 5
Mellizos
El ambiente se había helado, seguramente no habían pasado ni treinta segundos desde que se encontraba allí, esperandome, pero ya parecía que toda la maleza estaba recubierta por una capa húmeda de vientos del norte.
Lo detestaba, lo despreciaba, su sola presencia imperfecta y corrupta me hacía sentir nauseas. Y sobretodo, lo que mas odiaba es que me mirase con esos ojos azules, los de siempre, los de cuando eramos niños. Todo el valle se encontraba en penumbras pero yo sabía que me había visto, no, realmente me había sentido. Un nudo fuerte me apretaba el corazón pues a la par de que quería que se quemase en el infierno lo amaba con todo mi ser, pues era, y seguiría siendo mi hermano mellizo, Luink.
El soldado Luink había luchado con valentía a las ordenes del Capitán Sir Eddarr en la primera defensa de lighthalzen . Recuerdo cuanto lloré cuando marchó a la guerra, pues con el, un trocito de mi también se iba. Debe ser cierto que los mellizos tenemos un vínculo especial, algo que nos une y nos reconforta, algo que nos ata indefinidamente el uno al otro. Y espero que nadie me juzgue por ello, pero me hubiese encantado oir de los labios del mensajero que mi hermano Luink murió en la muralla de la gran ciudad de acero. Pero el mensajero calló y me miró con sorpresa y aunque madre, ingenua, lloraba por su muertes yo sabía que el recadero guardaba algo mas que le estaba prohibido decir, sin duda un horrible y deshonroso suceso. Luink no estaba muerto, o almenos no en el completo sentido de la palabra.
Lo detestaba, lo despreciaba, su sola presencia imperfecta y corrupta me hacía sentir nauseas. Y sobretodo, lo que mas odiaba es que me mirase con esos ojos azules, los de siempre, los de cuando eramos niños. Todo el valle se encontraba en penumbras pero yo sabía que me había visto, no, realmente me había sentido. Un nudo fuerte me apretaba el corazón pues a la par de que quería que se quemase en el infierno lo amaba con todo mi ser, pues era, y seguiría siendo mi hermano mellizo, Luink.
El soldado Luink había luchado con valentía a las ordenes del Capitán Sir Eddarr en la primera defensa de lighthalzen . Recuerdo cuanto lloré cuando marchó a la guerra, pues con el, un trocito de mi también se iba. Debe ser cierto que los mellizos tenemos un vínculo especial, algo que nos une y nos reconforta, algo que nos ata indefinidamente el uno al otro. Y espero que nadie me juzgue por ello, pero me hubiese encantado oir de los labios del mensajero que mi hermano Luink murió en la muralla de la gran ciudad de acero. Pero el mensajero calló y me miró con sorpresa y aunque madre, ingenua, lloraba por su muertes yo sabía que el recadero guardaba algo mas que le estaba prohibido decir, sin duda un horrible y deshonroso suceso. Luink no estaba muerto, o almenos no en el completo sentido de la palabra.
Pensé en esperarle, toda una vida si era necesario pues en el fondo creía y tenía fe en que mis sospechas fuesen erroneas y el viviese, si, pero sin ser mancillado.
Para mi desgracia los años pasaron y mi naturaleza inquieta me llevó a alistarme como soldado a la defensa de Prontera, a instruirme como paladina. Quizás no era mi inquietud si no la necesidad de reemplazarlo lo que guiaba mis pasos. No estoy del todo segura.
Noches sin luna soñaba con el, soñaba con que aparecía al pie de mi cama y alzaba sus brazos para que me refugiase en ellos. Ahora se que no fue un estúpido sueño, mientras el poder el señor de Iama se debilitaba liberando del control a algunos de sus caballeros de la muerte las visitas de Luink fueron mas frecuentes.
Por cada noche en vez de acercarme a la tentación de aceptarlo como mi hermano que era, mi orgullo me alejaba de el pues antes muerta que caer en las garras de Iama (nuestro verdadero padre) y el, que era como yo, que eramos uno, había caido y eso no hacía mas que corroborar mi propia vulnerabilidad en mi sangre.
Había cambiado, la larga y rizada melena ahora era una cascada gris y su piel cálida y sonrosada tan caracteristica de nuestra madre era blanquecina, como aquel al que aguarda su tumba. A pesar de todo éramos un reflejo el uno del otro, ahora un reflejo extraño y cruel, pero seguía siendolo.
No llevaba ropas de batalla, iba de cuero negro de los pies a la cabeza y envuelta en una gran funda su espada, su nueva y única espada.
Enarcó una ceja como si le sorprendiese ciertamente que no me acercase a el con júbilo, pobre infeliz.
Me dirigí con decisión a Atreyu pues no debía tener miedo. Almenos eso me hubiese gustado pensar pues no recuerdo ninguna otra ocasión en la que me hubiese encomendado tan fervientemente a la luz y su protección.
- ¿ No te atreveras a ignorarme, verdad ? - se volvió tan rápido que no lo vi y me sujetó la muñeca con fuerza. Sus palabra destilaban rencor.
- Sueltame Luink, no tienes derecho ni siquiera a rozarme, ni a mi ni a ningún miembro de esta familia.- di un tirón con fuerza para librarme de el y me apresuré a montar en el caballo.
-Oh, nuestra querida mamá ¿ que has hecho pequeña Donna ? ¿ que mal conjuro has hecho para que no pueda pasar tras las murallas de esa vieja casa ?- me pregunté si estaréa mintiendo ¿ conjuro ? ¿ que conjuro ? bueno, la esencia de todo esto es que lady Ariadne estaba completamente a salvo, daba igual la naturaleza de dicho escudo.
- No se de que me hablas.- se interpuso entre mi cuerpo y el de mi montura.- Te sugiero que te apartes si no quieres que te ajusticie aquí y ahora. Colgaría tu cuerpo inerte de las murallas de Prontera si de mi dependiese.
- Sabes que eso no es cierto hermana, no seais mentirosa... no digo, ni pongo en duda que puedas acabar conmigo con esa ridícula daga a la que te aferras pero serías incapaz de matarme pues en el fondo sabes que soy tu hermano y que aunque te atormente te sigo queriendo ¿ Y no querrás perder a uno de los pocos que sentimos por ti verdadero afecto verdad ? Madre, yo... que vida tan miserable pequeña, te merecías mucho mas.
Para mi desgracia los años pasaron y mi naturaleza inquieta me llevó a alistarme como soldado a la defensa de Prontera, a instruirme como paladina. Quizás no era mi inquietud si no la necesidad de reemplazarlo lo que guiaba mis pasos. No estoy del todo segura.
Noches sin luna soñaba con el, soñaba con que aparecía al pie de mi cama y alzaba sus brazos para que me refugiase en ellos. Ahora se que no fue un estúpido sueño, mientras el poder el señor de Iama se debilitaba liberando del control a algunos de sus caballeros de la muerte las visitas de Luink fueron mas frecuentes.
Por cada noche en vez de acercarme a la tentación de aceptarlo como mi hermano que era, mi orgullo me alejaba de el pues antes muerta que caer en las garras de Iama (nuestro verdadero padre) y el, que era como yo, que eramos uno, había caido y eso no hacía mas que corroborar mi propia vulnerabilidad en mi sangre.
Había cambiado, la larga y rizada melena ahora era una cascada gris y su piel cálida y sonrosada tan caracteristica de nuestra madre era blanquecina, como aquel al que aguarda su tumba. A pesar de todo éramos un reflejo el uno del otro, ahora un reflejo extraño y cruel, pero seguía siendolo.
No llevaba ropas de batalla, iba de cuero negro de los pies a la cabeza y envuelta en una gran funda su espada, su nueva y única espada.
Enarcó una ceja como si le sorprendiese ciertamente que no me acercase a el con júbilo, pobre infeliz.
Me dirigí con decisión a Atreyu pues no debía tener miedo. Almenos eso me hubiese gustado pensar pues no recuerdo ninguna otra ocasión en la que me hubiese encomendado tan fervientemente a la luz y su protección.
- ¿ No te atreveras a ignorarme, verdad ? - se volvió tan rápido que no lo vi y me sujetó la muñeca con fuerza. Sus palabra destilaban rencor.
- Sueltame Luink, no tienes derecho ni siquiera a rozarme, ni a mi ni a ningún miembro de esta familia.- di un tirón con fuerza para librarme de el y me apresuré a montar en el caballo.
-Oh, nuestra querida mamá ¿ que has hecho pequeña Donna ? ¿ que mal conjuro has hecho para que no pueda pasar tras las murallas de esa vieja casa ?- me pregunté si estaréa mintiendo ¿ conjuro ? ¿ que conjuro ? bueno, la esencia de todo esto es que lady Ariadne estaba completamente a salvo, daba igual la naturaleza de dicho escudo.
- No se de que me hablas.- se interpuso entre mi cuerpo y el de mi montura.- Te sugiero que te apartes si no quieres que te ajusticie aquí y ahora. Colgaría tu cuerpo inerte de las murallas de Prontera si de mi dependiese.
- Sabes que eso no es cierto hermana, no seais mentirosa... no digo, ni pongo en duda que puedas acabar conmigo con esa ridícula daga a la que te aferras pero serías incapaz de matarme pues en el fondo sabes que soy tu hermano y que aunque te atormente te sigo queriendo ¿ Y no querrás perder a uno de los pocos que sentimos por ti verdadero afecto verdad ? Madre, yo... que vida tan miserable pequeña, te merecías mucho mas.
Algo ardió en mi interior y sin poder poner en orden mis prioridades o las consecuencias de mis actos saqué con rapidez mi daga de la túnica y se la clavé con fuerza en una pierna. No miré la herida, no quería verlo sangrar. Ni tan siquiera me llevé la daga conmigo. Me subí de un salto a Atreyu y lo espoleé con fuerza para marcharnos de aquella pesadilla lo antes posible y que me llevase lejos, muy lejos.
No pensé en volverlo a ver en semanas, quizás meses.
Sus apariciones eran esporádicas e irregulares, algo en su vil transformacion no debió salir muy bien pues no solo guardaba esa amarga esencia que todos los caballeros de la muerte tienen si no que con ella se vincula también un ápice de locura. Una malsana y sobrecogedora locura.
Dejé a mi montura en los establos descansando, ya era medianoche.
Cuando entré en la posada las mesas estaban barrotadas, assassin y Lord bebían y celebraban el productivo dia ¡ incluso había algun Gipsy ! Para ellos era una joven noche llena de risas y diversión después de un dia duro de trabajo. Minerva se apresuró a preguntarme si quería algo pero la despaché con un gesto. Subí con cierta pesadez las escaleras y abrí la puerta de mi habitación.
Un cálido fuego ardía en la chimenea y mis pequeños, mis bienamados levantaron sus cabecitas al oirme entrar en la estancia. Me descalcé y fui a reunirme con ellos a pie de la hoguera. Al pequeña Sir Lapi se le habían unido dos lunatics mas que había adoptado en mis interminables viajes.
Milki era una cría de ojos carmesi que en cierta guardia a las puertas de la ciudad de magos geffen había encontrado deambulando perdida. Al principio, pensé que su imponente madre la estaría buscando y a riesgo de ganarme unos buenos y peligrosos rasguños fui a devolversela. Solo habían huesos y carne desecha.
Quizás fue un cazador o quizás no, pero no recuerdo a muchas criaturas capaces de enfrentarse a un gran lunatic de ojos carmesí.
La otra diminuta cria era esmeralda y se llamaba Nya. a esta la guardaban en una jaula para subastarla en la capital, se llevo dias sin comida ni agua y nadie se interesaba por ella. Digamos que tuve que usar ciertos de mis recursos y no económicos para hacerme con ella. Mi maza y yo podemos ser muy persuasivas cuando así lo queremos.
Ahora yo era su madre, era todo lo que tenían y me había comprometido a criarlos y darles una oportunidad.
Por supuesto la posadera Minerva sabía de ellos, pero no su marido. A ella le parecían encantadores y sabía que si me echaba, en ningún otro lugar podría tenerlos, la casa de la orden no era una opción. Había acordado con ella que me haría cargo de sus destrozos por si alguna vez destruyen algo, la cama, la habitación o la posada en si. En realidad no tenía ni idea de donde sacaría el oro para costear semejantes reparaciones pero ya pondría atencion en ello cuando ocurriese la castástrofe.
Me saqué la túnica y busqué mi armadura de cuero y pieles. Después de lo ocurrido no me sentiría segura con una camisa para dormir y la armadura de placas sería realmente incómoda para descansar, esta era perfecta. Después de ataviarme con ella busqué en una bolsa de pellejo unos trozos de serpiente muerta que aun se mantenían frescos. Me senté de cara a la chimenea y carbonicé los pedazos de carne para después lanzarselos a mis tres bebés. Mi mente divaga sobre lo ocurrido aquella tarde mientras veia a mis crias comer. Ahora en la tranquilidad de lo que podriamos llamar hogar el juicio sobre los actos de Luink se endulzaban, la herida que le había hecho me pareció un terrible error y sobretodo anhelaba su compañía. Pero tenía que resistir, el ya no era mi hermano, había sido un esclavo mas al servicio del Señor de la muerte y ahora, liberado, era un títere de su crueles instintos. Lo mejor sería que pensase en como desacerme de el lo antes posible, y no podría contar con nadie, esto debía hacerlo a espaldas de los demás y completamente sola.
Mientras Milki y Sir Lapi peleaban por un trozo de carne Nya se acercaba con torpeza y se terminó por enroscar a mi lado para dormir. La respiración pausada de la cria y el calor del fuego en conjunto con aquel día difícil y extraño hicieron que callesé en un breve sueño abrazada a mis rodillas sentada sobre el suelo.
El brincoteo de los lunatic y el olor a podredumbre me sacaron del sueño. Al principio pensé que una fortuita guerrilla en la posada había llegado a mal puerto con la muerte de algún cliente o quizás algún asesino había dejado su recibo a pies de una casa cercana pero luego pensá que el ambiente no solo estaba cubierto de muerte si no también de la putrefacción de varios dias, frio invernal y bueno, supongo que el inquietante sonido de el acero arastrado por las tablas de madera también era para tener en cuenta.
Me levanté de un salto y me hice con mi escudo habitual de batalla, uno que de rodillas me cubría por completo, perfecto para situaciones defensivas. La espada la dejé en su sitio, no pensaba acabar con la vida de nadie y tenerla en mano junto al escudo me hacía mas torpe y lenta. Salí con prisas de la habitación y cerré con llave, ante todo la seguridad de mis crias. No tuve que dar ni dos pasos para ver subiendo por las escaleras el reflejo de lo que amenazaba aquella noche la posada.
Una gran espada forjada con hielo, hierro vil y colmada de runas acompañadas de una mirada glacial se acercaban con tranquilidad hacia mi. Cuando la luz de la luna que iluminaba el pasillo lo cubrió pude ver que tras de Luink, una criatura deforme, un maldito y traicionero necrófago lo seguía, de el procedía ese olor tan particular.
Puse el escudo por delante de mi y miré con desprecio a su nuevo "amigo".
- Vete por donde has venido Luink, y nadie saldra herido. No hagas nada de lo puedas arrepentirte, esta es casa de indefensos civiles y no tienen nada que ver con nuestra guerra personal.- Antes de haber acabado la frase se rió con ganas.
- No vengo en pos a sus almas, no...esta vez no, vengo a por la tuya, Donna. ¡ Ah ! Me has hecho daño ¿ lo sabías ? - se señaló la pierna herida, supuse que bajo la armadura aun tendría la cicatriz abierta.
- Salgamos Luink, no quiero causar destrozos, zanjemos esto en un lugar mas seguro para...
- ¡ Será ahora ! -y dicho esto lanzó su gran espada hacía mi que a duras penas paré protegiendome bajo el escudo.
Reuniendo todas mis fuerzas me alcé, conseguí repelerlo y que retrocediese dos pasos. Lanzó otra estocada pero esta vez de forma horizontal a la que me retiré antes de que me cortase el cuello. Cogí el blasón de Lordaeron en peso y cubriendo mi lado derecho cargué contra el dejándolo unos segundos confuso, lo suficiente para volverme atras y ponerme en guardia una vez mas.
- Cuando yo era un experto soldado en manos de padre tu aun eras una niña indefensa aprendiendo a bordar ¿como se te pasa por la cabeza que podrias derrotarme?- comentó con tono insolente mientras se reponía.
- Porque las cosas han cambiado.
- ¡ Ah, ya ! Te han instruido y ahora formas parte de una gran orden y...- siempre he sido una persona con un mal caracter dificil de controlar y este no era uno de mis mejores momentos. Estaba cansada, era medianoche y no queria escuchar mas tonterías por el dia de hoy asi que con fuerza lancé mi escudo acertando de lleno en su estómago.
Escupió sangre a un lado y terminado de captar el concepto de que no quería oirle decir ni una palabra mas continuó con el ataque, esta vez con mas fiereza. Era rápido, y mucho mas fuerte de lo que pudiese ser yo, habría adquirido algunos aspectos sobrenaturales con su rendición a nuestro padre el señor iama y sabía perfectamente como y cuando utilizarlos . En esos momentos me arrepentía cada segundo que pasaba de no portar la espada, este sí era un duelo a muerte. Consiguió tirarme varias veces contra el suelo y aunque en la primera ocasión me repuse apoyando el peso de mi cuerpo sobre el escudo la segunda vez algo mas abatida no lo conseguí y lo único que estaba en mi mano hacer fue reunir las fuerzas para que creasen un barrera protectora dándome unos segundos de vida mas.
No podía sanar mis heridas, habia llegado al borde de mis fuerzas y casi había perdido el conocimiento. El, conocedor de mis limites apartó la espada y esperó a que el escudo protector se disipase.
- Que lástima, esto no tendría porque haber acabado asi. En algunos lugares se cuenta de que cuando un mellizo muere el otro también pues estan atados en la vida y en la otra que hay mas allá. ¿ Quieres que probemos si es cierto Donna? No temas. Al morir padre nos ofrecerá una nueva vida.- La fuerza protectora se iba disipando poco a poco y el se acercaba cada vez mas.
- Estas enfermo Luink y ni yo ni lo que hay después de esta vida podriamos salvarte, puesto que tu alma ya esta condenada por padre a errar y redimir sus pecados con su eterno sufrimiento.
La barrera desapareció y por un breve instante nuestras miradas conectaron, ahí, a pesar de todo estaba mi querido hermano. Recibí un golpe con el reverso de su espada y caí sobre la pared para despuéss resvalar poco a poco hasta el suelo cubriendolo todo de sangre. Moverme era imposible pero tampoco sentía mis heridas, solo notaba el sabor a óxido y sal de la sangre en mi boca y como el suelo se iba empapando con ella. Cerré los ojos, un profundo sueño se iba apoderando de todo mi ser y pense que la muerte vendría a por mi. Y no por dulce si no por temprana la odié, habría querido hacer tantas cosas, tenía tantos asuntos pendientes, mucho que decir, aun me quedaban sensaciones que descubrir...
Lo próximo que recuerdo es el dolor de las magulladuras por todo mi cuerpo y de como alguien me llevaba en brazos. Escuchaba voces, exclamaciones ¿ habría llegado ya la madrugada ?. Me dolía, quería que me soltasen, me apretaban con fuerza y creía que me desmayaría por las agudas punzadas que sentía en cada musculo. Por fin estaba en las garras de mi padre? Pero no me desmayé, debía corroborar, ante todo pronóstico abrí los ojos y el sol brillante de una buena mañana me deslumbró. Reconocí la piel de aquel que me portaba, la armadura, era mi maestro, Yatadaid. Le estaba agradecida.
- Descansad, pronto estareis en la catedral y los sacerdotes haran que os sintais mucho mejor.
- Si...
Estaba viva, Luink vino a por mi alma para ofrendarla a Iama y no se la llevó, quizás aun quedase algo de humanidad en aquella criatura cruel.
Bueno, lo importante es que todas aquellas cosas que lamente no poder hacer ahora estaban a mi alcance, y no pensaba desperdiciar ni un segundo.
Bien lo amo sii 😍
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