Lady en la capital chap1

 Allí estaba yo, con el cuerpo prensado contra la piedra fría de la capital por la cota de malla y el pesado escudo.

Había sido una tarde de sobresaltos y carreras, pero claro ¿ Quien se iba a pensar que tan solo a unos metros de Geffen se encontraban varios campamentos de Orc dispuestos a defender con fiereza la tierra que ellos bien consideraban suyas ? Yo no lo pensé desde luego, y por mi estupidez y mi petulancia casi termino mis dias como Paladina bajo el hacha de uno de esos mounstros.

Traté de olvidar lo sucedido aquel dia y quise concentrarme el ruido de la ciudad, en sus conversaciones, la forja, el mercado y sus griterios. Cerré los ojos y me dejé caer contra el arbol que adornaba la plaza y que tenía justo tras de mi.
Los jinetes, las campanas de la hermosa catedral, el rebotar de los poring...
Estaba tan sumida en en mis vanos pensamientos que no me percaté cuando me bendicieron y el cansancio se borró de mi cuerpo tullido. Me incorporé y ante mi se mostraba una alta y fornida figura recubierta de malla y una capa azul marino.
Era imposible no haberlo oido acercarse por el constante choque de sus armas atadas con saña a su espalda contra su armadura, ese dia sin duda no solo me invadió la estupidez, si no la sordera también .

Le sonreí y bajé la cabeza agradeciendole su gesto amable hacia la desconocida que era yo. No estaba para fiestas ni revenrencias.
Ante todo pronóstico se sentó a mi lado y se acomodó. La fatiga me superaba, no quería tener en ese momento una insulsa conversación de guerrillas y dias de glorias pasados, hoy no.
Pero el no dijo nada, tan solo se quedó ahi, en silencio.

- El bando enemigo siempre estará en superioridad a nosotros mientras no aprendamos a mantenernos unidos y ayudar a nuestros menores. Hay que cuidar a los que serán nuestro futuro.
Hablaba con amargura y aunque no me gustaba especialmente que me recordasen lo inutil que aun podía llegar a ser para rune midgard me causaron curiosidad sus palabras.

-No puedo daros la razón, apenas he tenido ocasion de batallar con nuestro enemigo, asi pues no se cuanto estarán de organizados.

-Ya tendreis ocasión. Y bien hermana ¿ que camino de la santidad seguís en vuestro largo recorrido de Paladín ?

Sopesé mis palabras, no me apetecía recibir ni consejos ni sermones acerca del camino a elegir.
- He decidido seguir la senda del pro...protector.

Alzó una ceja y me examinó cuidadosamente, como si no terminara de creerse mis últimas palabras. Obviamente era normal, en esos momentos era una chica desvalida que casi no podía ni sujetar la maza que portaba.
- No he oido hablar demasiado sobre esa senda. ¿ Es lo correcto ?

- Es lo que quiero.

Se puso de pie con un salto, se acomodó la capa y me extendió la mano con una sonrisa.
No estaba acostumbrada a tantas amabilidades, lo miré extrañada mientras me decidia entre seguirle o no.

- Vamos, tomemos algo en la posada, descansad y luego si ninguna orden me requiere os ayudare a pasar los tormentosos Páramos de Morroc.

Bien, realmente no tenía nada que hacer en la capital y tampoco podría pasar los caminos de los Páramos sin compañía, además confieso que sentía curiosidad por aquel Paladin excesivamente generoso y cortés para mi gusto en compañias.

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