Dos años mas despues chap2
Frente a mí, una inmensa explanada de hierba y al fondo, como un dibujo acuarelado la silueta de Prontera Capital de Rune Midg. Habían pasado dos años desde que huí aprisa una medianoche ataviada como una bandida a lomos de Atreyu. Dos años desde que mi rebeldía e ignorancia me hicieron caer en la desobediencia a las ordenes de un superior. El gremio me expulso y con ello lleve la desgracia al escudo de mi casa a mi renombre y a la reputación que ya tenia ganada en la sagrada ciudad.
Malditos sean esos días.
Maldita sea mi soberbia.
El cielo ennegrecía por momentos y el fuerte Atreyu se removía nervioso. Tormenta.
Me bajé del pecopeco y eché una mirada rápida a mí alrededor.
Quizás hubiesen unas cuevas a pie de las montañas al oeste, o unas piedras lo suficientemente grandes para alzar un pequeño campamento. No había nada.
No me importaba lo mas mínimo mojarme. Mi armadura y la cota de malla se encontraban en una de los sacos que arrastraba la montura. Los ropajes con los que me ataviaba en ese momento no eran los mas adecuados para una paladina, eran los de una viajera que quería cabalgar en el anonimato. Me preocupaba por Atreyu.
Él si llevaba una armadura costosa de metal y no quería verlo todo convertido en un montón de hierro oxidado. No, y menos después del precio que había pagado por aquella dichosa armadura.
A pesar de todo no me arrepentía. El Pecopeco joven y flacucho que robe de los establos de la guardia el día de mi huida ahora se había convertido en un semental, grandioso, robusto y un soberbio color oro. Adoraba a ese ave
Tanto como para gastarme la mitad de mi escasa fortuna en protegerlo de trampas y flecha perdidas. En ese momento no tenia nada ni nadie más.
Mi escudo se estaría pudriendo en el fondo de la presa que cerca Izlude. Había hecho lo correcto, no tenia nada mas que hacer con él.
Palmee un par de veces a Atreyu en el lomo y me puse en camino hacia la ciudad. No era tan estúpida como para presentarme en la guardia completamente empapada por la lluvia y sin armadura. No, esta vez quería hacerlo bien. Quería abrirme las puertas hacia algo más. Y la visión de una muchacha delgaducha desarmada y manchada de fango no era precisamente la mejor forma de empezar. No. Solo quería ver si aun se encontraba esa posada a medio camino para pasar la noche y dar cobijo a Atreyu durante el tormenta.
Ya la divisaba. Un par de puntos incandescentes. La posada.
Deje a mi montura en el establo deleitándose con heno fresco y un lugar seco y seguro y yo me dirigí a puertas de la posada. Traspase el umbral y una agradable sensación cálida me envolvió. Olía a madera ardiendo, empanadas recién hechas, pólvora, cerveza y tabaco. Un ambiente familiar, después de tantos meses sin hogar lo mas parecido son las posadas.
Pero algo no iba del todo como yo esperaba. Mercaderes disfrutando de su más merecido placer, un par de encapuchados al fondo y varios guerreros en torno a la chimenea, todos se habían vuelto hacia mí. Era extraño.
Quizás me había acostumbrado a las posadas abandonadas en grandes paramos donde a nadie él importaba quien era y a donde ibas. Aquella era la única en el camino de Comodo a Prontera, todos se conocían y... si quizás sea eso. Soy una extraña para ellos.
Anduve un par de pasos mas con la cabeza baja para esquivar las miradas hasta que me choque con algo. Me sobresalté. Me habían sujeto por los hombros y completamente confusa levante la mirada para encararme con el indeseable que se interponía en mi camino.
Piel azul marina, uno y setenta metros aproximadamente de altura, armadura blanco reluciente y unos ojos bellos. Suspire, sabia que esto tenía que pasar, pero no tan pronto
- Cuanto tiempo Donnati...
Sospecho que ese personabe esta chido :D
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