Constance


 Una vez mas tirada en el suelo de piedra de aquella Gran Ciudad Invisible ¿Quien se acuerda de la batalla perdida hace unos años? Quizás ni yo misma la recuerdo y tan solo paladeo el regusto amargo y metálico de la sangre en mis labios, señal de una herida abierta.


Orgullosa y de alguna forma eso suele tornarse una espesa capa de rencor. Entonces aun intentaba hacer las cosas de forma disciplinada, tal como debe hacerse. Y cuando me levanté y rechazaba entre sollozos la guarida de sus brazos lo hacía sin esconder mi rostro bajo la capucha, mugrienta y con la espada mellada, pero real y sincera con cada parte de mi inestable existencia, eclipsada siempre por la revelación de otras acciones mayores.
Ya no lucho con espada y escudo, no mas.

Ni me enfrento a los problemas a la luz del día, no, ahora los acuno bajo el amparo de la noche misteriosa que los torna a su manera bellos y enigmáticos. La sensación de insignificacia ha resurgido desde mis entrañas hace unas lunas, con la misma intensidad, con la misma virulencia que la última vez y aunque en esta ocasión me creí vencedora tan solo me amoldaba nuevamente a la capa que me tendían.
La misma ciudad, las mismas húmedas y turbias calles en mi cabeza donde ahora toma parte un duelo menos singular, donde la caballeria y el porte de la figura a la que me enfrento ya no significan nada.

¿Cambio de planes?
¿Insolencias? Aun tengo que acomodarme dentro de esta piel de conejo y lobo a la vez.
Las reglas han cambiado, ahora están hechas a mi medida. Y aunque sigue siendo una batalla personal contra algo peligroso que como buen némesis nunca termino de derrocar... esta vez he aprendido y lo hago con cautela. Husmeo, observo, le acecho y solo cuando tenga una idea clara sobre su naturaleza y la razón por la que invade esta ciudad maldita me mostraré con la intención de enfrentarlo cara a cara con la esperanza de que esta vez pueda empatar sus logros.

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